relatos

Solo es un paisaje

Estando aquí los pulmones  me arden al inspirar este aire gélido, que devuelvo caliente como una bocanada de humo. La nariz bermeja me duele y no podría dejar de calentarme las manos. No ceso de frotar los dedos de los pies tratando de desentumecerlos.

Miro al suelo y veo un gran terreno de pequeñas plantas y arbustos cubiertos de nieve, como si de una gran tela de araña se tratara. A los lejos y a semejanza de unas lanzas clavadas sobre el terreno, puedo ver unos abetos, desprovistos de ramas casi en su totalidad. Entre estos árboles se extiende la bruma poderosa haciendo crujir los troncos de los viejos árboles con su aliento de hielo.

Alzando la vista quedo perplejo ante el espectáculo visual que estoy presenciando. La tenue y violeta luz del crepúsculo se refleja sobre la nieve blanca y pura que baña las cumbres rocosas y éstas, a su vez, contrastan con las sombras azuladas que se ven en los recovecos de la vaguada. Estas montañas son la cúspide de este fenómeno y son la unión entre la tierra azulada y el cielo violáceo; violáceo como mis orejas ante esta brisa que me susurra al oído.

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