relatos

Resulta paradójico…

…que el mismo pétalo pueda hacerte soltar la lágrima más amarga y arrancarte tu mayor sonrisa.

Últimamente me siento como el interior de una rosa vieja. Como ese fruto escondido donde no llega la luz. Pero sentía ese calor que tú me dabas, como un pétalo protector.

Aun no sé por qué no pude quedarme solo con ese tacto, quizás quise ver toda la belleza de la que solo había recibido destellos. El caso es que con cuidado, para poder rectificar y no correr el riesgo de no volverte a tocar jamás, te abrí un poco. Tuve suficiente para distinguir tu color, entonces me enamoré.

Un color libre, conocedor de mil quimeras para mí. Desde que naciste fuiste bañado por el rocío, mecido por el viento, acunado por la pradera y adorado por el Sol y la Luna.

Ahora ya no hay vuelta atrás, quiero admirar el pétalo en todo su esplendor. Debo correr el riesgo de que al abrirse se caiga y quedar a merced del frío, marchitarme y morir.

Si te quedas conmigo te prometo que, como el rocío, te daré mil lágrimas, mil caricias también como hace el viento, mi pecho protector, en vez de la pradera, para que te acurruques en él y si mi adoración no fuera suficiente, haría bajar el Sol y la Luna también.

Últimamente me siento como el interior de una rosa vieja, que quiere salir y ver todas las maravillas del mundo en compañía de su único pétalo, verlas contigo.

Antes rosa irisada, te tenía miedo.

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